El origen onírico de los alebrijes: cómo la fantasía transformó el arte popular mexicano

https://piedepagina.mx/wp-content/uploads/2024/10/1002057_Desfile-de-Alebrijes-2024-7_web.jpg

Los alebrijes, criaturas fantásticas hechas de cartón, pintura y engrudo, son hoy una de las expresiones más reconocidas del arte popular mexicano. Lo que comenzó como una visión en medio de un trance experimentado por el artesano Pedro Linares López, se transformó con el tiempo en un legado artístico que trasciende generaciones y fronteras. Este símbolo de creatividad desbordante nació en un pequeño taller del barrio de la Merced, en el corazón de la Ciudad de México, y con el paso del tiempo se ha convertido en Patrimonio Cultural Intangible de la capital del país.

El sueño que dio vida a los alebrijes

Pedro Linares, reconocido cartonero de mediados del siglo XX, vivió un episodio que marcaría no solo su vida, sino el devenir de una tradición artesanal. A causa de una enfermedad que lo dejó inconsciente durante varios días, tuvo un sueño vívido y extraño. En él, recorría un bosque donde los árboles, las piedras y las nubes se transformaban en animales irreales con alas, garras y colmillos. Estas criaturas repetían una palabra que hasta entonces no existía: “alebrijes”.

Al despertar, Pedro Linares sintió la necesidad de replicar aquello que había visto en su visión. Probó con diferentes materiales hasta encontrar en la cartonería —oficio que ya dominaba— la herramienta ideal para dar forma a esos seres fantásticos. Así nació el primer alebrije: un híbrido de imaginación, papel, engrudo y pintura que encarnaba el surrealismo mexicano sin haber sido llamado aún como tal.

Tres generaciones de arte y creatividad

El legado de Pedro Linares fue perpetuado por su hijo Miguel, quien desde los años 60 empezó a explorar con diferentes formatos, dimensiones y paletas de colores. Aunque su padre creaba figuras de menor escala y colores más apagados, Miguel incorporó alebrijes más grandes —algunos alcanzaban hasta cinco metros de altitud— y colores vivos que resaltaban su naturaleza fantástica. Durante este desarrollo, los alebrijes comenzaron a tener una personalidad distintiva, caracterizada por la libertad formal y la creatividad espontánea.

Miguel Linares, con más de cinco décadas dedicadas a la cartonería, describe el proceso como algo sin reglas fijas. A veces se empieza por una parte del cuerpo, otras por el alma, afirma. Esa libertad creativa ha sido uno de los sellos de la familia Linares y de todos aquellos que se han inspirado en su obra.

Hoy, la tradición se mantiene en las manos de Ricardo Linares, descendiente de Pedro, junto a su hija Natalia. Ellos siguen con la labor artesanal desde el mismo taller en la Merced. Para los dos, esta práctica no solo es un legado familiar, sino también un acto para conservar la cultura ante los cambios de una sociedad que se digitaliza cada vez más.

Desde la Merced hacia el mundo

Los alebrijes, que en un inicio eran incomprendidos incluso por la propia familia del creador, fueron ganando reconocimiento con el paso del tiempo. Su originalidad y carácter simbólico captaron la atención de artistas y cineastas, tanto en México como en el extranjero. Con el tiempo, estas figuras comenzaron a aparecer en exposiciones internacionales, llevándose consigo un pedazo del imaginario mexicano.

Personajes destacados del arte nacional, como Diego Rivera, valoraron la cartonería como forma legítima de expresión. Antes de la creación de los alebrijes, el taller de los Linares ya elaboraba figuras tradicionales como piñatas, calaveras y los “judas” que se queman durante el Sábado de Gloria. Fue justamente por estos trabajos que Rivera conoció a Pedro Linares y le encargó varias piezas.

El desfile que celebra la fantasía

Desde 2007, el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México organiza el Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales, una celebración que reúne a cientos de artistas de todo el país. Esta iniciativa no solo ha servido para visibilizar el trabajo de los cartoneros, sino también para incentivar la continuidad de esta tradición mediante el reconocimiento público y la participación ciudadana.

Este encuentro que se realiza cada año ha establecido a los alebrijes como un componente fundamental de la cultura mexicana, posibilitando que las generaciones jóvenes conozcan y aprecien una forma de arte que, aunque nació en un sueño, hoy en día existe de manera tangible.

Tras lo ornamental: una expresión de la identidad

Los alebrijes no son simples adornos. Simbolizan un vínculo entre la imaginación individual y la tradición común, una manera de contar historias sin necesidad de palabras y de mostrar universos que no obedecen las leyes de la lógica. Cada alebrije es singular, no tiene igual y es completamente mexicano. En su creación se combinan técnicas del virreinato, signos prehispánicos y una creatividad infinita.

Hoy, estas figuras de papel continúan expresándose. Tal como en el sueño de Pedro Linares, continúan diciendo “alebrijes”, término que ahora designa no solo a un ser imaginario, sino también a una de las manifestaciones más dinámicas del arte popular mexicano.

Por: Pedro Alfonso Quintero J.

Entradas relacionadas